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Cómo lidiar con las decepciones en Alcorcón

Cómo lidiar con las decepciones

¿Cuántos de nosotros hemos sufrido decepciones? Todos, ¿verdad? Y seguro que en más de una ocasión. Incluso hay quienes a base de sufrirlas, creen que no pueden confiar en nadie.

Las decepciones y desilusiones son sensaciones que surgen tras el resultado negativo de algo sobre lo que teníamos expectativas. Y ocurre porque en ocasiones nuestras expectativas y esperanzas no se corresponden con la realidad. Pero ¿de quién depende la decepción? ¿de la otra persona, o de nosotros mismos?

Si esperamos lo mejor y que todo vaya de maravilla o sea un camino de rosas, la decepción y desmotivación surgirá en cuanto encontremos problemas. Lo mismo ocurre cuando se cree que para sentirnos satisfechos o felices es necesario que tengamos algo concreto.

Obviamente, decepcionarnos es algo en ocasiones por completo inevitable porque el cerebro humano tiende a anticiparse a los eventos y a esperar o desear lo mejor. Y por eso nos mostramos confiados en que aquello en lo que hemos invertido esfuerzo y tiempo tenga éxito, en que nuestros amigos o pareja sean fieles y leales, o en que los demás actúen de la manera que consideramos correcta. Pero siempre habrá alguna ocasión en que las cosas no salgan bien porque lo que nosotros esperamos no tiene por qué ser siempre lo que deba ocurrir, y aunque ocurra como deseamos, no siempre el desenlace va a ser igual de favorable.

Cuando no se tiene claro esto último, es cuando pueden presentarse situaciones que nos lleven a sentir decepcionados.

Las decepciones son inevitables, pero lo que sí que está en nuestra mano es la manera de reaccionar ante ellas. Porque aunque no sea nada agradable sentirnos decepcionados, este sentimiento nos informa sobre nosotros mismos, sobre las expectativas que solemos tener y sobre los demás. Las decepciones también ayudan a aprender, y somos nosotros los que debemos aprovechar o no sus enseñanzas.

Cuando nos quedamos estancados en la decepción
Es una mala idea quedarse atacado en este sentimiento, porque el pasado es pasado y no se puede cambiar. Sí se puede reflexionar sobre ello, y además es muy recomendable hacerlo para poder aprender de lo sucedido. Pero no es más que un espejo retrovisor al que debemos mirar de vez en cuando pero tenemos que mantener la vista fija en la carretera, que es al fin y al cabo lo que nos lleva a nuestro destino.

Si miramos demasiado hacia atrás, no prestaremos atención ni a los baches ni a los paisajes hermosos que encontraremos delante.

Las decepciones nos ayudan a ver aquello que no nos resulta agradable, a reaccionar para realizar cambios y a salir de las situaciones que no nos gustan. Por eso no deben ser algo por lo que pasarnos el tiempo lamentándonos, sino algo que nos lleve a averiguar por qué ha sucedido eso y cómo evitar que vuelva a ocurrir.

Nuestras expectativas deben ser sanas y realistas. Al fin y al cabo, somos nosotros quienes debemos tener el control de la situación y tener claro que no debemos alimentar demasiado las esperanzas y que siempre hay una posibilidad de decepcionarnos.

Para finalizar, tenemos también que ser conscientes del tiempo. Esto quiere decir que a menudo queremos las cosas de manera inmediata, lo queremos “aquí y ahora”. Pero hay que ser tolerante y tener en cuenta también el ritmo de los demás y del propio entorno. En este aspecto, también nuestros límites deben ser realistas.