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Los deseos, sus inconvenientes y sus ventajas en Alcorcón

Los deseos, sus inconvenientes y sus ventajas

Cuando algo nos gusta o apetece tanto que lo sentimos como si se tratara de una necesidad y no nos lo quitamos de la cabeza, esa experiencia que queremos vivir cueste lo que cueste pasa a convertirse en fuertes deseos.

Los deseos no nacen de la cabeza ni del corazón, sino de las tripas, aunque puede que surja inicialmente en nuestra cabeza pero después se transforma. Por eso los deseos crean cierta inquietud, tensión y ansiedad, ya que se alimentan de la carencia, de no tener en ese momento eso que queremos, o que perdimos hace tiempo pero nos ha dejado un vacío interior.

Un deseo puede ser algo que soñamos tener, un sentimiento que creció durante nuestra infancia, o una relación. Y cuando lo tratamos de satisfacer es como si estuviéramos intentando llenar un pozo que no tiene fondo. Pero el deseo es algo apremiante y urgente que quiere que lo saciemos de manera inmediata o lo más rápido posible, por lo que nos impulsa a actuar con rapidez para satisfacerlo a cualquier precio.

Se podría decir que satisfacer un deseo resuelve nuestra felicidad, pero no es así. A pesar de que saciar ese deseo nos hacer sentirnos mejor y felices, posteriormente esa serenidad se marcha y la tensión y la ansiedad se han detenido de manera temporal, con el tiempo vuelve a devorarnos. Un deseo saciado es un vaso que vaciamos, después de haberlo ido llenando, pero el grifo sigue abierto. Y eso es lo que hace que el deseo siempre nos pida más.

Un ejemplo de deseos imposibles de saciar son las adicciones. Por eso las personas alcohólicas necesitan beber más, los adictos al sexo necesitan más relaciones, y los ludópatas necesitan arriesgar más en sus apuestas.

Pero el deseo no sólo nos puede llevar a romper límites y a cometer excesos, sino que también es uno de los motores que mueven nuestra vida, haciéndonos tener un empuje y una fuerza arrolladora que nos ayuda a buscar hacer realidad sueños imposibles, tener empuje y no rendirnos.

Aunque el no poder satisfacer los deseos nos generará frustración, y con ella malestar, tristeza y rabia. Por eso tiene tanta importancia saber gestionarlos y aprender a tolerar la frustración.

Los deseos son un potente motor, pero como todos los motores potentes pueden llevarnos a cualquier parte, o hacer que nos matemos. Por eso, saber controlar tanto los deseos como los impulsos y manejar la frusrtración de la manera correcta es un síntoma de autoestima y madurez. Todo esto debemos interiorizarlo antes de la adolescencia, pues así seremos dueños de nuestra vida al alcanzar la edad adulta.

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