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El tratamiento psicológico de la indecisión en Alcorcón

El tratamiento psicológico de la indecisión

Vivir es tomar decisiones, una tarea que el ser humano ha tenido que realizar desde sus principios. En todas las épocas y culturas de la historia, los seres humanos han tenido que tomar decisiones sobre todos los aspectos de su vida. Por tanto, debemos asumir que es algo que hemos de llevar a cabo cada día, ya que no hacerlo puede tener consecuencias importantes porque el problema deja de ser el tomar la decisión para ser el no haberlo hecho.

A veces la pregunta es “¿y qué pasa si no decido yo?”. Bueno, en ocasiones, con suerte, las cosas pueden resolverse solas, por sí mismas, pero no siempre el tiempo “lo pone todo en su sitio”. A veces, si no lo ponemos nosotros mismos, todo se queda hecho un desastre. Y a largo plazo el no tomar una decisión hace que parezca que el problema está resulto pero se trata de un simple espejismo destinado a aliviar por el momento nuestra duda o incertidumbre.

Pero lo cierto es que, a largo plazo, el no tomar decisiones puede acarrearnos graves consecuencias como inhibirnos socialmente, sentir que no controlamos nuestra propia vida, no poder tolerar la frustración, surgir interferencias a nivel social y laboral, descenso en los niveles de autoestima (algo que sin duda es muy grave)…

…y, por supuesto, mayores repercusiones por no haber solucionado el problema.

Tratamiento psicológico para la indecisión
Cuando la incapacidad para tomar decisiones no sólo es demasiado habitual sino que afecta seriamente a la vida diaria de la persona, es el momento de actuar para ponerle solución, y para ello siempre viene muy bien la ayuda de un especialista. Para tratar el problema de la indecisión existe una terapia psicológica de D’Zurilla y Goldfried denominada Entrenamiento de Resolución de Problemas. Esta terapia, que es la más utilizada en estos casos, se basa en:

  • Orientarnos hacia el problema. Se trata de considerar un problema determinado, como por ejemplo “me compro una moto?”. Una vez considerado, debemos preguntarnos si nosotros mismos podemos solucionar ese problema, y si el tiempo y esfuerzo necesarios para ello valen la pena. Si la respuesta es “SÍ”, se pasa al siguiente punto.
  • Definir el problema. Esto quiere decir que hay que entender por completo el problema averiguando de qué se trata exactamente y cuándo comenzó. continuando con el ejemplo de la moto, decir que tenemos que comprarla o no comprarla no es suficiente. Ese no es el problema real, sino que deberíamos pensar “hace tiempo que me quiero comprar una moto, pero no me termino de decidir porque a lo mejor me arrepiento de lo que he gastado, o podría molestarle a mi pareja, o porque podría tener un grave accidente conduciéndola, o tal vez no me hace verdadera falta….”.
  • Tener varias alternativas. Las decisiones no pueden reducirse a un simple “sí o no”. Y disponer de diferentes opciones puede ayudarnos a tomar la decisión de una manera más adecuada. En este punto se deben plantear todas aunque algunas parezcan no tener sentido, porque ya tendremos tiempo de valorarlas y descartar algunas. Siguiendo con nuestro ejemplo de la moto podríamos considerar como alternativas el esperar a que lo tengamos más claro, darnos un plazo y mientras llega ir viendo diferentes opciones para comprarla, alquilar una para ver qué tal nos sentimos y nos desenvolvemos conduciéndola, pensar en comprar alguna que sea más barata… En este caso no importa más la calidad que la cantidad, sino todo lo contrario. Como hemos dicho, ya tendremos tiempo de descartar las que no nos interesen.
  • Elegir la alternativa. En este punto tenemos que tener muy claro que la alternativa elegida sea la que más nos beneficiará a largo plazo. Para eso tenemos que barajar las diferentes opciones y, por qué no, pedir a amigos, familiares, o nuestra pareja su opinión o incluso que nos ayuden a barajarlas.
  • Definir el plan de acción. En este último punto es cuando pensamos en cómo poner en marcha la alternativa que hemos elegido. Y también tenemos que tener claro si vamos a ser capaces de hacerlo, ya que de lo contrario tendremos que volver al paso anterior y seleccionar otra alternativa que encaje más con nuestra manera de actuar (no siempre la mejor opción es la opción que vamos a ser capaces de llevar a cabo). Y en otras ocasiones la decisión se tiene que tomar con urgencia y no se pueden considerar otras probabilidades. Lo importante, sea cual sea la elección, es que el plan para llevarla a cabo se ajuste a nuestra manera de ser.

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